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Un nuevo centro comercial transforma el desarrollo urbano en Tarapoto

Publicado en la Revista Constructivo – Edición Octubre.

Con más de 21 mil metros cuadrados construidos, el proyecto marca un hito en la región San Martín, integrando innovación constructiva, altos estándares de seguridad y sostenibilidad en un contexto de clima extremo.

Un nuevo centro comercial en la ciudad de Tarapoto representa un paso trascendental en el proceso de modernización de la infraestructura urbana y comercial de la región San Martín. Este proyecto ha sido concebido bajo la lógica de un máster plan integral, lo que significa que cada una de sus etapas ha sido cuidadosamente planificada para responder a las necesidades presentes, pero también a la visión de crecimiento futuro de la ciudad. La concepción arquitectónica no solo busca levantar un edificio imponente, sino también establecer un hito que marque un antes y un después en la manera en que los habitantes de Tarapoto se relacionan con los espacios comerciales, recreativos y de servicios.

En este sentido, el centro no se limita a ser un área de compras, sino que aspira a convertirse en un punto de encuentro social y cultural, diseñado con estándares modernos que integran funcionalidad, estética y sostenibilidad en un mismo concepto. Cabe destacar que la ejecución de esta obra está a cargo de De Vicente Constructora (DVC), parte de Grupo Flesan, empresa con amplia experiencia en el desarrollo de proyectos de gran envergadura, lo que garantiza un alto nivel de calidad y eficiencia en cada etapa de su construcción.

La magnitud de este desarrollo queda claramente reflejada en sus dimensiones: un terreno de 12,506.44 m² y un área construida de 21,229.17 m² techados. Estas cifras no son meramente estadísticas, sino la evidencia de una infraestructura robusta que impactará de manera directa en la dinámica urbana y en el crecimiento económico local. Se trata de un espacio que incrementará la oferta de servicios, generará empleos durante y después de su construcción, y contribuirá a posicionar a Tarapoto como un eje de atracción comercial para toda la región amazónica. Con una propuesta arquitectónica distribuida en varios niveles y sectores, el proyecto se convierte en una respuesta concreta a las exigencias de una población en constante crecimiento, ávida de nuevos espacios de consumo, entretenimiento y encuentro.

Antes de llegar a este resultado final, la obra atravesó un proceso previo de gran importancia que sentó las bases para todo lo que vendría después. La demolición de 1,600 m² y el movimiento de 40,000 m³ de tierras fueron intervenciones claves que no solo permitieron preparar el terreno, sino también generar experiencia en un contexto complejo como el de Tarapoto, donde las condiciones climáticas y geográficas plantean retos adicionales. Esa primera fase fue fundamental para anticipar problemas, ajustar estrategias y aplicar soluciones innovadoras en la etapa constructiva. Posteriormente, se emplearon 720 m³ de concreto, se instalaron 67 toneladas de acero y se utilizaron 1,240 m² de encofrado metálico, elementos que aseguran la resistencia estructural de la obra frente a factores como la humedad, la presión del terreno y las altas temperaturas propias de la región amazónica.

Uno de los principales desafíos que enfrentó el proyecto fue el clima extremo, con temperaturas que llegaron hasta los 38°C. Construir bajo estas condiciones no es una tarea sencilla, pues no solo se ponen a prueba los materiales, sino también la resistencia física de los trabajadores. Por ello, se implementaron medidas estrictas de seguridad ocupacional, como pausas activas de 15 minutos dos veces al día, la construcción de áreas techadas estratégicamente ubicadas en los diferentes frentes de trabajo, y la organización de cuadrillas dedicadas exclusivamente a distribuir agua temperada de manera constante. Estas acciones no solo permitieron garantizar la salud de los colaboradores, sino también mantener un ritmo productivo sin comprometer la integridad de las personas.

Las lluvias frecuentes de la selva constituyeron otro obstáculo a superar, y frente a ello se diseñó e implementó un Plan de Riesgo de Lluvia. Este plan contempló una matriz de actividades que permitía continuar con las labores en condiciones de precipitación, la dotación de equipos de protección personal especialmente adaptados a esas circunstancias, la mejora de accesos mediante la colocación de material granular para evitar anegamientos y la instalación de pararrayos para reducir riesgos eléctricos. Gracias a esta planificación preventiva, fue posible mantener la continuidad de la obra, minimizando retrasos y, sobre todo, protegiendo la seguridad de todos los involucrados en el proyecto.

El alcance de la construcción fue amplio y abarcó especialidades como estructuras, arquitectura e instalaciones sanitarias, todas ejecutadas con materiales de primera calidad. Para ello, se estableció una logística precisa que combinó proveedores locales y de Lima, logrando un equilibrio entre el aprovechamiento de recursos regionales y la garantía de contar con insumos certificados. Por ejemplo, mientras que el concreto premezclado y materiales de conformación del terreno se obtuvieron en Tarapoto, el fierro, los encofrados metálicos, las bloquetas, drywall y tuberías de PVC y PPR fueron trasladados desde Lima, asegurando así uniformidad en la calidad. Esta dualidad permitió dinamizar la economía local sin sacrificar los estándares constructivos requeridos en un proyecto de esta envergadura.

El diseño del centro comercial fue planteado en tres grandes sectores que responden a distintas funciones. En los dos niveles de doble altura se distribuyen una gran tienda de mejoramiento del hogar, seis locales comerciales intermedios, un supermercado, un patio de comidas, tres restaurantes y una sala de juegos para niños, con lo cual se asegura una experiencia integral para las familias. En los dos niveles de altura simple se encuentran 113 estacionamientos, cuartos técnicos y un área administrativa, elementos que garantizan comodidad y eficiencia operativa. Finalmente, el patio de maniobras incluye las cisternas de agua contra incendios y para consumo humano, demostrando la importancia dada a la seguridad y la sostenibilidad del proyecto.

Más allá de la infraestructura física, este proyecto se diferencia por la integración de herramientas tecnológicas avanzadas en su proceso constructivo. La adopción de plataformas digitales permitió recopilar y gestionar datos en tiempo real, optimizar recursos y tomar decisiones con mayor precisión, asegurando que cada hito de la obra se cumpliera dentro de los plazos establecidos. Se trató de la primera vez en la región que se utilizó un ecosistema digital de gestión de proyectos, lo cual simplificó procedimientos, elevó la productividad y marcó un precedente en la forma de construir en Tarapoto.

Uno de los sistemas más destacados fue el GHIF (Gestión de Hallazgos e Incidentes Flesan), una herramienta digital que permite reportar, desde dispositivos móviles, cualquier condición insegura y responder de manera inmediata. Este aplicativo ha recibido premios internacionales por su innovación en seguridad laboral, lo que refuerza el compromiso de la obra con el bienestar de las personas. Gracias a la implementación de este y otros protocolos, se logró construir bajo estándares de calidad y seguridad de primer nivel, incluso en condiciones adversas como altas temperaturas y lluvias constantes.

El impacto de este centro comercial va mucho más allá de lo arquitectónico. Se trata de un proyecto concebido para atender la creciente demanda de consumo de la población de Tarapoto, pero también para consolidarse como un espacio de encuentro social y cultural. Al integrar áreas de recreación, gastronomía y servicios, la obra responde a una visión moderna de los centros comerciales como espacios multifuncionales que aportan a la calidad de vida de la comunidad. Además, su ubicación estratégica en el barrio Los Jardines, en la intersección de importantes jirones de la ciudad, lo convierte en un nodo clave para la conectividad urbana, facilitando el acceso de visitantes y potenciando el flujo comercial.

En síntesis, este proyecto no se limita a levantar una estructura de gran tamaño, sino que representa un símbolo de transformación urbana para la región San Martín. Ha sido capaz de superar retos logísticos, técnicos y climáticos mediante innovación, tecnología y un firme compromiso con la seguridad de las personas. Su construcción no solo genera empleo y dinamiza la economía local, sino que también establece un nuevo estándar

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